miércoles, 1 de junio de 2016

Escenarios

Homenajeando a Grecia, a sus islas, a sus gentes, a sus saberes.

Cuando me preguntáis sobre estos atardeceres, los mares sus cielos yo sin pestañear respondo, que algo tienen que ver con esos viajes por las islas Cícladas por sus cromatismos, por sus brillos, y sus reflejos. Y al momento intuyo que en esta, su elección, la del camino, pudieron influir esos profesores, los de filosofía, sus enseñanzas que se remontaban a la antigua Grecia a Atenas y en particular a su maestro Sócrates, y es en este punto que empieza el recorrido, retrocediendo en el tiempo, cuando el pensamiento se desborda rememorando Grecia y en un salto como viajera en los recuerdos es que nos encontramos en Santorini donde mi memoria se detiene, y ahora aquí en el papel voy dibujando aquellas tardes, en que un día tras otro, como en una adicción de sentimientos, los pies nos conducían por el mismo sendero, el que va desde el hotel hasta llegar a lo alto del viejo molino y allí sentadas leyendo un libro o degustando un buen vino dejábamos escapar el día, la soledad no existía, y era en ese ritual de la espera, que nos hermanábamos todas, con la mirada anclada en el mismo punto, donde se pierde el mar y se gana el cielo, aun creo recordar cuando ya con el libro aparcado, cámara en mano esperábamos el gran momento, embelesadas, queríamos atrapar esos instantes paradisiacos que ante nuestros ojos, en poco, se nos mostrarían y como en un aquelarre frenético, delante nuestro empezaba la gran danza, todas en círculo y en nuestros oídos el zumbido de los flashes marcando el compas mostrándonos su dominio sobre unas olas insinuantes, esquivas que no se dejaban atrapar más que por nuestras atentas miradas. La felicidad se reencarnaba en nuestros semblantes, las emociones traslucían a flor de piel, los sentidos se exaltaban, la mirada perdida en el horizonte ya no podía ocultar pasiones y si ese colorido entre ocres y rojizos nos hubiera querido transportar al fin del mundo estoy segura de que hubiéramos consentido.
Y pasado el tiempo ya en el camino de regreso, en Barcelona, una vez en la soledad de mi estudio, es fácil, voy recopilando en el archivo de mi memoria uno a uno los colores que sin pedir permiso se crean a sí mismos y es en un ir escupiendo, que manchan el lienzo, bordando formas, creando sueños, recuerdo a recuerdo, emoción a emoción hasta vaciar sentimientos, en ese dejar escapar una parte de tu esencia, la que se quedó allí, en ese viaje sin retorno, parado en el tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario